La calidad no sabe de formas.

La salchicha, el embutido más universal y a veces el más vilipendiado, la cena más socorrida para niños de todo el mundo e ingrediente indispensable de la comida rápida más antigua de la historia: el perrito caliente. La salchicha ha vuelto para reivindicarse y demostrar que no toda salchicha es frankfurt. Los centroeuropeos lo saben bien aunque las más famosas sean las de la tierra de Merkel, mientras los catalanes le pusieron nombre propio para huir del estereotipo y triunfaron sin pretenderlo. Ahora nosotros te proponemos dónde disfrutarla.

 

Fass Grill

Fass Grill

 

1- Fass Grill. Rodríguez Marín, 84. Madrid. Tlf: 915 637 447
Fass Grill, con más de 40 años, es un clásico de la cocina alemana en Madrid. Aparte del mítico codillo alemán “a su estilo”, las salchichas elaboradas de manera artesanal por sus propios charcuteros continúan siendo uno de los principales reclamos para acercarse a este restaurante de la zona de Concha Espina. La parrillada de salchichas, el surtido de ensaladas, más de seis, y la cerveza de barril no defraudan. Ambiente sin demasiadas pretensiones modernas, cómodo para familias y perfecto para nostálgicos de las tabernas de la vieja Europa.

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La Gabinoteca

2. La Gabinoteca. Cl. Fernández de la Hoz, 53. Madrid.
Tlf: 913 99150
Comer y vivir, dice su eslogan. La Gabinoteca es un restaurante consecuente con su filosofía, divertido, pero sin estridencias. Entre las múltiples sorpresas de su carta destaca el perrito caliente, con una salchicha hecha a medida, mezcla de carne de cerdo y ternera, tocino, y un toque de especias que le conceden un sabor y textura únicos. Los toppings y la presentación en caja de cartón merecen un hashtag.

Estocolmo Bar

Estocolomo Bar

3. Estocolmo Bärs. Palma, 72. Madrid. Tlf:
Los primeros hipsters visitaban el Estocolmo de aperitivo y antes de los conciertos en el desaparecido Nasti. Los nostálgicos de la primera modernidad todavía pueden disfrutar de sus míticos hot dogs con salchichas suecas, a pesar de la democratización de lo nórdico y aunque los precios y tamaños ya no sean en pesetas. Estrecho, pequeño y habitualmente a tope, este garito malasañero no es un mal sitio para rejuvenecer y entregarse a los placeres carnívoros de los estudiantes de principios de siglo.